Magia

Al fuego de San Juan eché dos pensamientos y algún «no» que otro.
Claramente escritos, en hilo morado, negro y fosforito, sobre el mejor lino que tengo.
Justo antes de que la tela se consumiera por completo rescaté un pedazo de la quema.

La única «a» de todo el texto,
la última letra de uno de los pensamientos,
sobrevivió augurando el inicio un nuevo ciclo.

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